La iglesia de San Pedro Apóstol de Polvoranca, el patrimonio que se muere

20 de febrero de 2021
Iiglesia de San Pedro Apóstol de Polvoranca

En los últimos días ha vuelto a saltar a la palestra en las redes sociales el grave estado de deterioro en el que se encuentra la Iglesia de San Pedro Apóstol, situada en el Parque de Polvoranca, término municipal de Leganés. 

Esta ermita fue construida en el siglo XVII, exactamente en el año 1655, por dos grandes arquitectos de la época: Francisco de Mora y su sobrino Juan Gómez de Moro. Por aquel entonces, fue todo un ejemplo de arquitectura barroca española. Se levantó sobre los cimientos de una antigua ermita bajomedieval. Está construida en ladrillo sobre zócalo de sillar. Presenta planta de cruz latina, de una sola nave, con capillas laterales y se cubre con bóveda cañón encamonada. Además, bajo el edificio existe una cripta sepulcral.

Esta edificación se erigió en el pueblo de Polvoranca y en el momento de su levantamiento, allá por el siglo XVI, contaba con una población total de unos 300 vecinos y vecinas y cuarenta y dos casas.

Su ubicación no fue ninguna casualidad, ya que se encontraba muy cerca de la cabecera del arroyo Culebro, de los arroyos naturales de Recomba y Cantochado y de las lagunas La Recomba, Maripascuala y Sisones. Los humedales facilitaban el acceso al agua pero también atraían a una gran cantidad de mosquitos. Desde su origen, esta población sufrió numerosas enfermedades como la malaria o la peste negra y eso provocó que en varios momentos sufriera un importante descenso demográfico. Muchas casas del pueblo tuvieron que ser quemadas para evitar que las diferentes epidemias se extendieran. Es por esto que comúnmente era conocido como el “pueblo maldito”.

A pesar de que no existe una constatación oficial de la creación de esta localidad, sí que se tiene conocimiento de las diferentes civilizaciones humanas que han pasado por allí a lo largo de la historia. Entre los siglos VIII y V a.C se instalaron allí grupos que formarían una población carpetana. Más tarde, con la llegada de los romanos en el siglo II a.C, este grupo carpetano asimiló la cultura latina. Seguidamente, ente los siglos II y IV d.C, se fundó una villa romana. El poseedor de aquellas tierras, Laurianus, dio origen al nombre del lugar. Posteriormente, con la ocupación musulmana, se añadió el sufijo “-que” derivando en Loranque. Después, en el siglo XV, se añadió el prefijo “Pol-“ que significa “lugar habitado”, derivando en Polboranque. El propio fluir de la palabra hablado convirtió Polboranque en Polboranca y más tarde, en 1794, el entonces propietario de las tierras D. Pedro Ignacio de Belluti Vélez decidió cambiar la b por la v, dando como resultado el nombre actual. 

Polvoranca se constituyó como poblado estable en el año 1100, casi dos milenios después de que los primeros nómadas se establecieran en sus tierras. A este hecho contribuyó en gran medida la llegada de los judíos, mozárabes y musulmanes que huían de la ciudad de Toledo, a consecuencia de su conquista en 1085 por parte del rey Alfonso VI. Con el paso del tiempo, Polvoranca se convirtió en un señorío feudal que cambió de manos en varias ocasiones. Su economía se basaba en los cultivos de cereal y garbanzo, complementados con algunos olivares y huertas y con el ganado ovino, el excedente económico obtenido pasa a ser propiedad de los señores feudales del momento. En 1575, el conde de Orgaz vendió sus posesiones al licenciado De León y su esposa Ana de Ossorio. Fue entonces cuando se creó el mayorazgo de Polvoranca, que se encontraba a media legua de Leganés. Como consecuencia de las enfermedades derivadas de la cercanía de los ríos y la climatología adversa, los vecinos y vecinas acabaron abandonando el pueblo durante los siglos XVIII y XIX. En 1849, Polvoranca fue oficialmente absorbida por la villa de Leganés. En el siglo XIX la iglesia de desacralizó, sus retablos y lienzos fueron trasladados a otros templos religiosos de la Comunidad de Madrid y esta quedó en un estado de abandono total. Con el paso de los años, llegó a tal punto de deterioro que en 1953 el campanario se derrumbó. En la aldea continuaron viviendo algunos agricultores y ganaderos hasta mediados del siglo XX. 

En ese tiempo pasaron por allí personajes de la talla de Fray Luis de León y Don Juan de Austria, hijo ilegítimo de Carlos I y hermanastro de Felipe II. De igual manera, han sido varios los artistas que han nombrado a esta villa en sus obras. El gran Benito Pérez Galdós habla de ella en su libro “Nazarín”, publicada en mayo de 1895. Mientras que Ricardo de la Vega escribió un sainete con música de Barbieri titulado “Novillos en Polvoranca”, el cual fue estrenado en el Teatro Variedades de Madrid en 1885. 

En los años 80, el conocido arquitecto José María Pérez “Peridis”, que entonces acometía en la zona sur de Madrid varios proyectos de la mano de las Escuelas Taller, trató de restaurar esta edificación sin éxito. En 1986 gran parte de la zona fue reconstruida artificialmente para crear el Parque de Polvoranca en los terrenos cercanos, se encontraron restos cerámicos y puntas de sílex de la Edad del Hierro, además de restos arqueológicos del Paleolítico y de la Edad de Bronce. En 1988 el Ayuntamiento de Leganés concedió a esta iglesia un grado de protección integral, la incluyó en su catálogo de edificios protegidos y valló los terrenos perimetralmente. En 1995 el Ayuntamiento de Leganés compra, a través de una permuta de terrenos, las parcelas donde se encuentran los restos de lo que queda del pueblo de Polvoranca. Entre los años 1999 y 2000 se llevaron a cabo unas prospecciones arqueológicas para la construcción del barrio de Arroyo Culebro de Leganés, en las cuales se descubrió la existencia de un crematorio funerario en el que había restos de más de 2.500 años de antigüedad, alto imperiales e hispano visigodos. En 2005 se descubrieron también huesos de piernas y brazos, un cráneo completo, restos de otros cráneos y huesos fragmentados de no más de 100 años de antigüedad, cuando una excavadora trabajaba comprobando la resistencia de los muros y el estado de las paredes de la iglesia de San Pedro. Fue ese mismo año cuando Patrimonio Nacional y el Ayuntamiento de Leganés trataron de buscar fuentes de financiación para llevar a cabo un plan de restauración, hubo varios contactos con Bankia pero la crisis socioeconómica provocó que el proyecto se dejara aparcado en un cajón. En 2010 el Ayuntamiento de Leganés valló el perímetro exterior de las ruinas del pueblo y la iglesia de Polvoranca. En 2014 la concejalía de Obras, Infraestructuras y Mantenimiento de Leganés elaboró un anteproyecto para la recuperación de la ermita con el propósito de convertirla en un museo local pero este fue rechazado por el gobierno local socialista en 2018. Ya en febrero de 2020 la asociación “Hispania Nostra” incluyó la Iglesia de San Pedro Apóstol en su lista roja del patrimonio. 

En la actualidad, el lado del evangelio se encuentra totalmente derrumbado. El resto de partes del edificio se encuentran en estado de ruina avanzada: los muros, cubiertas y paramentos presentan multitud de agrietamientos, filtraciones y superficies abombadas. Del mismo modo, la fachada de la puerta de acceso principal presenta vencimiento hacia el exterior. Existe un claro riesgo de nuevos derrumbes de manera inminente que pueden llevar al colapso total de la construcción. Para más inri, su estado ha empeorado a raíz del temporal Filomena.

Durante los últimos años, han sido varias las asociaciones vecinales y los colectivos que han reclamado a las autoridades competentes la restauración de la iglesia y el cuidado del yacimiento. En este aspecto, cabe destacar la gran labor que han realizado desde la plataforma “Salvemos Polvoranca”. Sin embargo, todas las propuestas han sido desestimadas. La acción de las instituciones públicas locales, autonómicas y estatales ha sido nula, no han demostrado ningún interés por rescatar este pedazo de nuestra historia que parece condenado a la desaparición.

En este aspecto, es necesario que desde la sociedad civil tratemos de poner en valor su gran importancia arqueológica y antropológica. Se trata de uno de los pocos monumentos históricos que todavía existen en la zona sur de Madrid y el riesgo de perderlo de manera inminente es real. 

Mañana tal vez sea tarde y las ruinas se conviertan en polvo, la bandada de palomas que allí revolotea inquieta al paso de la gente se quede sin hogar, los más curiosos se queden sin un lugar que visitar y en el cual fantasear con diversas historias y lo único que nos quede sean fotos para poder reconstruir la imagen viva de lo que sería un montón de piedras.

Jorge Suárez Rebate