Adama Traoré: 19 de julio de 2016

13 de junio de 2020
Plaza de la República tras la manifestación. París

Adama Traoré es un joven francés de origen maliense que murió en 2016 en una comisaría de la periferia parisina, después de haber sido arrestado por la policía. Según el informe que dio por bueno el procurador de la República -equivalente a la Fiscalía general del Estado-, la causa de la muerte de Adama fue un paro cardiaco motivado por sus problemas de salud. Sin embargo, según una de las autopsias, realizada a petición de la familia de Adama, éste habría muerto asfixiado por tres policías, que lo placaron contra el suelo y se arrodillaron sobre él.  

Hoy, las calles de París han vuelto a arder para pedir justicia para Adama Traoré. Las mascarillas que ahora nos aconsejan llevar puestas en el espacio público han servido, más que para protegernos del covid-19, para evitar respirar los gases lacrimógenos que la policía francesa lanza à go-go. La plaza de la República ha vuelto a ser el escenario de una batalla campal en la que la policía impone su ley, generando una animadversión creciente contra las fuerzas del orden público.

Plaza de la República tras la manifestación. París
Plaza de la República tras la manifestación pidiendo #justicePourAdama
Fotografía de Sara Álvarez

El leitmotiv de la manifestación era pedir justicia para el caso de Adama Traoré. Pero no solo. Desafortunadamente, Adama Traoré, como George Floyd, no están solos. El número de personas muertas en las comisarías francesas es difícil de establecer, máxime porque las investigaciones, por lo general, terminan siendo archivadas. Hay que destacar que la mayor parte de estos sucesos son calificados por la prensa francesa de «drama». Por su parte, la Inspección general de la Policía nacional publica desde hace 3 años un informe anual en el que recoge el número de personas que habrían fallecido en el transcurso de una operación de policía. Según este informe, en 2018 y 2019, habrían muerto 36 personas y 286 habrían resultado heridas. Según fuentes extraoficiales, el número de personas muertas y heridas durante operaciones policiales es difícil de establecer, pero desde luego supera con creces estas cifras.

La cuestión de la violencia policial es una de las grandes preocupaciones en la Francia de hoy. Una de las más polémicas causas de lesiones y muertes en el transcurso de manifestaciones son las «flash-ball» o LBD («lanceur de balles de défense»), las escopetas de balas de caucho, en román paladino. El periodista de Mediapart, David Dufresne, ha recopilado los efectos más graves de la utilización de este tipo de armas: principalmente las lesiones en la cabeza, la amputación de manos y las mutilaciones oculares.

Uno de los casos más mediáticos fue el de Zineb Redouane, la anciana de 80 años muerta el 1 de diciembre de 2018 tras recibir el impacto de una granada lacrimógena en plena cara, en su propia casa, cuando se acercó a cerrar la ventana mientras que debajo de su apartamento marsellés transcurría una manifestación de los chalecos amarillos. También lo fue el caso de Geneviève Legay, una septuagenaria activista de ATTAC en una manifestación de los chalecos amarillos en Niza. Emmanuel Macron se permitió el lujo de decir que «cuando se es frágil y te pueden empujar, uno no va a lugares declarados prohibidos», en referencia a la prohibición por parte de la Prefectura de Niza de celebrar la manifestación en la que Geneviève fue herida.

Resulta curioso leer en el informe de 2019 de la Inspección general de la Policía nacional que, a pesar de que las manifestaciones en las calles francesas han ganado en intensidad recientemente, el uso de los LBD ha disminuido notablemente, debido a que «la mediatización de ciertas lesiones y a las reacciones suscitadas por la utilización de esta arma han jugado un papel inhibidor para las fuerzas del orden público, que han preferido utilizar otros medios para defenderse, aun cuando la utilización de los LBD estaba justificada». Al final, protestar sí servía para algo. La familia de Adama Traoré y no parará hasta obtener #justicepouradama.

Sara Álvarez Pérez

Alcorconita París