Emmanuel Macron o la insoportable levedad de la farlopa

6 de junio de 2020
Macronavirus, no toques a nuestros hijos

Emmanuel Macron nos ha regalado tantos momentos inolvidables desde que tomó posesión del cargo en mayo de 2017 que resulta difícil hacer acopio de todos ellos. Con un presidente ex yuppi reconvertido en político con ansias jupiterianas y con ganas de darle mambo a la clase trabajadora francesa, la deuda de Francia a día de hoy roza el 100% del PIB y es mayor que la española. Francia también supera a España en déficit y de momento nos ha superado en número total de muertos (¿de o con coronavirus?), con una población un 30% mayor. 

Si el clima político en España es de guirigay, en Francia llama la atención el apagón informativo ante las consecuencias de la crisis del covid-19 y ante los evidentes problemas económicos de Francia, cuya situación es sin duda más estable que la española. Resultan hasta cómicos los esguinces verbales de algunos mandatarios franceses, que se mostraron muy favorables a los coronabonos, y que intentaron justificar la posición francesa diciendo que lo hacen para apoyar a Italia y España, cuando los problemas de financiación de Francia son, si no iguales, similares.

La estrategia de comunicación política de Macron se ha basado desde el principio de su mandato en un postureo comunicativo sin más recorrido que el momento presente, con el beneplácito de los grandes grupos informativos. Mediapart, uno de los pocos grupos mediáticos que se muestran abiertamente críticos con el gobierno, destapó el escándalo de la morgue que se había montado en el mayor mercado de abastos de París, mientras la prensa “del régimen” (es decir, casi toda) hablaba del hospital de campaña de Ifema.

Si a veces Caracas parece la capital de España, Roma o Madrid lo son de Francia. La prueba es que, al inicio de la crisis del covid-19, la prensa francesa abría sistemáticamente sus informativos con noticias de España y de Italia. Después le tocó el turno a Estados Unidos, y de refilón al Reino Unido. El país brexiter parece haber sido destronado recientemente de la picota informativa desde que, en un gran alarde de creación de marcos de referencia sin mayor recorrido, España y Francia se enzarzaron en un baile de cuarentenas interpuestas. Cuando España decretó la cuarentena para las personas procedentes del extranjero, Francia y el Reino Unido acordaron que no se impondría cuarentena a las personas que viajaran entre ambos países (recordemos que las fronteras no están cerradas, pero la entrada en Francia está limitada a las personas residentes en este país). No es la primera vez que Macron hace alarde de falso (e inconsciente) aperturismo: ya decretó, él solito, desde su trono presidencial en el Elíseo, el “cierre de las fronteras de la Unión Europea”. Eso, sin mandar en toda la Unión Europea. A día de hoy, Francia sigue sin haber cerrado las fronteras con ningún país de su entorno. Ni con Italia, epicentro de la expansión del virus en Europa y país al que Francia sigue enviando personas migrantes que intentan cruzar la frontera por los Alpes practicando las llamadas “devoluciones en caliente”.

A 15 de mayo, en Francia han muerto más de 27.500 personas, no sabemos si de o con coronavirus, porque el baile de cifras es importante. 

Según Antonio Escohotado, citando a Freud y a Hammond, las dosis pequeñas de cocaína “convenientemente espaciadas producen euforia y vigor, mientras dosis altas crean desasosiego, malestar físico y caos en el comportamiento”. 

Sara Álvarez Pérez

Alcorconita en París