Despensas solidarias: solución temporal a problemas permanentes

9 de julio de 2020

El coronavirus ha tenido una mayor incidencia en las zonas con menor renta media, esto es así porque la clase obrera ha sido quien más expuesta ha estado y por lo tanto, era más vulnerable al mismo. Como resultado de lo anterior, las familias trabajadoras son quienes más están sufriendo las secuelas que está dejando esta crisis. 

A mediados de abril, con motivo de las terribles consecuencias socioeconómicas que ya comenzaba a tener la pandemia del COVID-19 en un amplio sector de la población, se comenzaron a crear diferentes despensas solidarias a lo largo de todo el Estado español, especialmente en la Comunidad de Madrid. La mayoría de ellas surgieron a partir de asociaciones vecinales, de colectivos ya existentes que desarrollaban una actividad semejante con anterioridad y sobre todo de las distintas redes de apoyo mutuo que habían aparecido poco tiempo antes. Estas últimas, durante las primeras semanas del estado de alarma, se ofrecían a realizar distintas tareas para todas aquellas personas que lo necesitaran, especialmente personas mayores o grupos de riesgo, como: hacer la compra de alimentos o medicinas, pasear a las mascotas, acompañamiento telefónico, tirar la basura, apoyo escolar vía online o el cuidado de menores cuyos padres no podían trabajar desde casa. Todo ello se realizaba siguiendo un estricto protocolo de higiene y respetando las medidas de seguridad en todo momento. Estas redes vecinales fueron las primeras en detectar y atender las necesidades básicas de muchas familias. 

En un principio, el objetivo primordial de estas era cubrir las necesidades básicas de las familias más desfavorecidas de sus respectivos barrios o municipios mediante el reparto de productos de primera necesidad. Ahora, una gran parte de ellas, realizan también otras labores como asesoría legal y laboral, reparto de ropa y juguetes, apoyo psicológico o ayuda para gestionar y solicitar las diferentes prestaciones sociales. 

La causa del origen de este tipo de iniciativas solidarias no es otra que la inacción e incapacidad de las instituciones públicas para hacer frente a la gran cantidad de personas que piden ayuda. Como ha ocurrido en el sector sanitario, esta crisis ha demostrado el enorme déficit estructural que existe en los servicios sociales públicos. No hay plantilla ni recursos suficientes, están completamente desbordados. Hay que destacar que esta situación no es nueva pero se ha visto agravada por esta crisis sanitaria sin precedentes. Además, ha quedado en evidencia que las prestaciones actuales resultan insuficientes a todas luces y no llegan a todo el mundo, mucha gente se queda fuera. 

En esta tesitura de colapso se han encontrado también grandes organizaciones no gubernamentales como Cruz Roja, Cáritas o el Banco de Alimentos, las cuales reciben importantes subvenciones públicas. Éstas, en numerosas ocasiones, han derivado a una gran cantidad de familias a las distintas despensas solidarias sin ni siquiera comunicarlo previamente. Al final, como ya es habitual, quienes menos recursos tienen a su alcance son quienes más arriman el hombro y tratan de sacar esta situación adelante, por todos los medios posibles, para que nadie se quede atrás.

La necesidad no entiende de tiempos. Por ello, ante el más que notable y creciente estado de necesidad que estaba viviendo una gran parte de la población, numerosos vecinos y vecinas se organizaron en sus correspondientes barrios y articularon de manera rápida una respuesta en forma de despensa solidaria. En un principio esta iba a tratarse de una movilización temporal y de emergencia, una solución provisional, pero al encontrarse con una situación de emergencia social tan grave se han visto abocados a prorrogar en el tiempo estos proyectos. El objetivo nunca ha sido el de sustituir las funciones y hacer el trabajo que le corresponde a las administraciones, sino construir una alternativa basada en la solidaridad y el apoyo mutuo ante el abandono institucional que sufrían las familias más desfavorecidas.

Durante las primeras semanas, un gran número de vecinos y vecinas se unieron a las despensas solidarias. En apenas unos días este tipo de organizaciones contaba con cientos de voluntarios y voluntarias. Un gran porcentaje de ellos se había quedado en paro o se encontraba en un Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, por lo que decidieron aprovechar ese tiempo en ayudar a quien más lo necesitaba. Muchos jamás habían participado en este tipo de iniciativas solidarias pero dada la gravedad de la situación decidieron dar un paso adelante, remangarse y colaborar en todo lo que pudieran.

Al comienzo, las donaciones, tanto de productos de primera necesidad como económicas, fueron masivas. La respuesta de una gran parte de la población fue abrumadora, quien más o quien menos donaba lo que podía. Todas y cada una de las donaciones, desde la más modesta hasta la más generosa, han sido igual de importantes. La ciudadanía se volcó con su entorno más cercano, con su barrio. Hubo vecinos y vecinas que cedieron sus locales de forma altruista para que desde ellos se pudieran realizar los repartos o almacenar los productos de primera necesidad, otros ofrecían sus furgonetas o camiones para transportar las donaciones y a destacar, por encima de todo, la labor del pequeño comercio, quien a pesar de ser brutalmente golpeado por esta crisis, ha aportado su granito de arena en la medida de sus posibilidades. En este aspecto, la comunicación y coordinación entre las distintas despensas solidarias también ha sido clave para sacar adelante esta tarea.

Además, rápidamente se hicieron virales fotos y vídeos que mostraban las denominadas “colas del hambre” lo cual impactó considerablemente en muchas personas, que tomaron conciencia de los graves efectos socioeconómicos que estaba dejando la crisis del coronavirus. Estas colas eran kilométricas, duraban horas y estaban formadas por cientos de personas respetando cuidadosamente la distancia de seguridad. Sin duda, la enorme repercusión mediática que tuvieron estas imágenes ayudó a que tanto el número como la cuantía de las donaciones fuesen aún mayores. 

Muchas familias ya sufrían de manera considerable la precariedad y la pobreza antes de esta crisis, otras vivían al límite, día a día, y algunas nunca antes se habían visto en esta tesitura. Esta pandemia mundial ha agravado la situación de muchas de ellas. El perfil de las familias demandantes es muy diverso, aunque si bien es cierto predominan las familias numerosas con niños pequeños. La mayoría de personas que recurren a las despensas solidarias tienen graves problemas económicos: un gran número de ellas cobraron el ERTE con retraso y se quedaron sin ahorros, muchas trabajaban en la economía sumergida, algunas se encuentran en situación administrativa irregular y otras se han quedado en el paro. Quienes recurren a este recurso son personas que, en su mayoría, no reciben ningún tipo de ayuda pública y dependen únicamente de la asistencia que se les presta desde las despensas solidarias. 

Durante este tiempo las administraciones públicas, locales, autonómicas y estatales, han estado completamente desaparecidas. En ningún momento se han preocupado por la situación que sufren miles de familias en la actualidad ni por el futuro de estas. Las Administraciones no han llegado en un momento de emergencia social, cuando más se las necesitaba. Han sido los vecinos y vecinas quienes se han organizado y han trabajado de manera altruista para que todo el mundo pudiese tener cubierta sus necesidades básicas. 

Ahora, varios meses después, el contexto es bien distinto. Con la finalización del estado de alarma y el inicio del verano, las fuerzas y la disponibilidad de los voluntarios han disminuido considerablemente. Muchos de ellos han vuelto a sus puestos de trabajo y otros tantos pasan el verano lejos de su residencia habitual. A esto hay que sumarle lo más importante, las donaciones están descendiendo a un ritmo vertiginoso y en contraste, el número de familias demandantes no para de aumentar. 

En un primer momento, ante la escasez de donaciones, la gran mayoría de las despensas solidarias decidieron espaciar los repartos con el fin de poder seguir atendiendo a todas las familias demandantes y poder entregarles unas bolsas que fuesen lo más completas posibles. Sin embargo, esto no ha sido suficiente. Algunas de ellas se han visto obligadas a cesar su actividad y otras ya han anunciado su cierre en las próximas fechas. Ante esta situación, en un intento a la desesperada por adaptarse a las nuevas circunstancias y seguir subsistiendo, otras tantas han decidido reinventarse y han puesto en marcha distintas iniciativas solidarias con el objetivo de recaudar fondos y poder seguir desarrollando esta labor. 

Por otra parte, varias de ellas han comenzado a movilizarse para denunciar la falta de recursos institucionales. En esta línea, varias despensas solidarias ubicadas en Madrid se han concentrado en las últimas semanas frente a las Juntas Municipales de sus correspondientes distritos para exigir al Ayuntamiento que releve su asistencia a miles de familias de manera inmediata. Hoy jueves las Redes Vecinales de Cuidados de Madrid se concentrarán a las puertas del Ayuntamiento de la capital para exigir un Plan Urgente de Emergencia Social para las 50.000 personas que atienden las diferentes despensas solidarias. Las movilizaciones populares en este sentido cada vez son mayores, más aún tras la firma del Pacto de la Villa del Ayuntamiento de Madrid en el que no se recoge ninguna medida que guarde relación directa con la emergencia alimentaria existente.

Las consecuencias de esta crisis sanitaria y socioeconómica no van a ser temporales. Las Administraciones Públicas han tenido meses para preparar y poner en marcha un Plan de Choque Social que ponga la vida de la gente en el centro, tal y como se ha reclamado desde cientos de organizaciones, pero no han actuado de ninguna manera y lo que es peor, no se les espera a corto plazo.

La mayoría de familias que solicitan ayuda a las despensas solidarias se ven afectadas por diferentes problemáticas, no sólo en materia alimentación sino también en materia de vivienda, salud, empleo o educación. Son cuestiones que requieren la intervención de equipos multidisciplinares cualificados a largo plazo. A grandes problemas se necesitan grandes soluciones que se escapan del alcance y los recursos que poseen las organizaciones populares. Por ello, el camino a seguir tampoco debería de ser el de solicitar locales públicos, coordinar la ayuda con los Servicios Sociales o establecer mesas de negociación con los gobiernos locales, esto tan sólo constituiría un parche más que añadir a la larga lista. Además, colaborar y trabajar conjuntamente con quienes, aun siendo totalmente conscientes de la necesidad extrema que padecen numerosas familias, no han hecho nada al respecto, sería totalmente contraproducente con nuestra lucha. Dicho esto, dada la situación y el contexto actual, la solución sólo puede pasar por organizarnos, movilizarnos y exigir a las autoridades competentes que cumplan con sus obligaciones. 

Vivimos, al menos en la teoría, en un Estado de Bienestar que tiene la obligación de satisfacer las necesidades básicas de la población. Comer es un derecho fundamental y así tenemos que reivindicarlo. Aunque en las últimas fechas hayamos visto a personas relevantes en nuestra sociedad y a personajes y partidos políticos apelar a la solidaridad, haciendo un llamamiento a la ciudadanía para que realicen donaciones para las personas más necesitadas, esto no es un Estado Asistencial. La caridad no debe ser el medio ni el fin y el peso de la asistencia social no puede recaer en el tercer sector.

Esta crisis sólo acaba de comenzar y lamentablemente, lo peor está por llegar. Partiendo de esta base debemos trabajar en el empoderamiento de las personas más desfavorecidas, con el objetivo de podernos organizar de una manera más adecuada y eficiente para señalar a los verdaderos culpables de la miseria y desigualdad que genera este sistema.

por Alkorkon Combativo