Desviando el foco: entre bulos y medios

12 de junio de 2020
stop bulos

Algo que se rumoreaba lejano de repente había llegado a nuestras vidas. La pandemia se había instalado en nuestro país. El miedo y la incertidumbre se mascaba en el ambiente. Grupos de whatsapp que antes ojeaba para ver que tal el día a día o echar unas risas, con esos memes que se compartían (como cromos en un colegio: ¡ahh! ¡Ese ya lo he visto!), se condensaba un ambiente enrarecido. Las noticias falsas empezaban a circular, en varios grupos y casi a la vez. Ya no solo en grupos de amigos y amigas, también en el de familiares muy poco proclives a la polémica política. Se reproducían como la pólvora. 

Supongo que frente a este hecho todos hemos sentido la frustración. Era complicado intervenir. Si se da ese paso, primero, eres el único y te vas a enfrentar a todo un grupo; y segundo, requiere tener mucho tiempo para contrastar y desmentir lo que se dice; si tomas esa decisión hay que llegar hasta el final en un interminable hilo de wasap. Y si no lo haces: el bulo, la noticia falsa, consigue el objetivo, construir otra realidad; pero aún luchando por desmentirlo ya ha creado la confusión, la duda. El poso que deja la mentira es grande e incluso poniendo montañas de datos encima de la mesa la desconfianza permanece.

El bulo pretende hegemonizar. Crear una noticia falsa es inocular veneno en la sociedad, contaminar el imaginario discursivo. Es otro virus. Con cada reenvío se propaga por todo el cuerpo social, ataca a las neuronas, se instalan en ellas, se nutre de su miedo y su incertidumbre e introduce el mensaje, se apodera del debate llevando el foco de atención fuera del origen del problema. 

Las noticias falsas o manipuladas no son nada nuevo en nuestras sociedades. La novedad radica no solo en la utilización de las nuevas tecnologías para introducirlas en el debate público, sino también a la creciente desconfianza de los medios oficiales, donde las redes aparecen como alternativa para informarse sin que medien determinados intereses. En este contexto, sin duda, las redes han sido objeto de un nuevo experimento de las estrategias ya utilizadas en las campañas electorales como las de Trump, Bolsonaro y Vox. Esta vez quizás con una incidencia mayor aprovechándose del estado de shock al que se enfrenta la humanidad entera. En tiempos de miedo y excepcionalidad la gente necesita respuestas rápidas, certidumbres en las que asentarse. 

En la pandemia de la sífilis el chivo expiatorio era la prostitución y en la del VIH la homosexualidad. En el Covid-19 aparece la conspiración China o una especie de estrategia eugenésica del gobierno o los emigrantes que se apoderan de nuestros recursos sanitarios, etc. Los chivos expiatorios se manifiestan como los peores fantasmas surgidos del odio en el seno de nuestras sociedades. La noticia falsa se sirve de esos fantasmas para desviar el foco del debate realmente importante, el que atañe al origen del problema, el que suele golpear los intereses de los poderosos.

En este sentido, en no pocas publicaciones y voces fundamentadas,  se presta atención a la conexión entre el modo de producción y consumo de nuestras sociedades y la aparición de pandemias. Como se explica en Contagio Social. Guerra de clases microbiológica en China: “la propagación de nuevas enfermedades a la población humana es casi siempre producto de lo que se llama transferencia zoonótica”. La zoonosis es el salto de enfermedades de animales al ser humano o viceversa. Los factores que provocan el contagio zoonótico están ligados al sistema de producción y de consumo actual. La degradación de los ecosistemas, por la explotación abusiva de la industria de extracción de recursos y la agroalimentaria, fomenta la pérdida de la biodiversidad y la invasión humana de nichos ecológicos, lo que incrementa las posibilidades de la aparición de un nuevo virus. “El virus que está detrás de la actual epidemia (SARS–CoV–2), al igual que su predecesor, el SARS–CoV de 2003, así como la gripe aviar y la gripe porcina que la precedieron, se gestaron en el nexo entre la economía y la epidemiología”, se advierte en esta publicación. Parece ser, pues, que hay y estrecha relación entre nuestro modo de producción y de consumo actual y la aparición de pandemias como el COVID-19.

MEDIOS.

Y mientras tanto en los medios de información habituales centran el discurso en otros términos. En primer lugar, presentándose como garantes de la información contrastada y la pluralidad frente a la noticia falsa y el bulo que se encargan de desmentir; en segundo lugar, estableciendo el debate en términos numéricos de infectados, muertos, crecimiento y economía. ¿Cuándo llegará el crecimiento cero de la curva? ¿Cuándo dejará de aumentar los muertos por coronavirus? ¿En cuánto tiempo vamos a volver al mismo nivel de crecimiento económico? ¿La curva de crecimiento económico será en: V, W, U o símbolo de la marca de una deportiva? etc. El relato contado con una sucesión de hitos, fases o pantallas que hay que pasar para estar a salvo. Llegar al final para volver a la normalidad, como si la normalidad fuera un estadio suspendido sin causa y consecuencia. Es un discurso muy habitual en los medios de las sociedades del capitalismo avanzado: no hay historia ni efectos de futuro, solo eterno presente.

Sin embargo, parece que es todo lo contrario, como explicaba Yayo Herrero en una conferencia, precisamente en relación de las emergencias en el contexto del COVID-19, ya en el año 1972 en el informe Meadows (o Los Límites del Crecimiento), se establecía una serie de proyecciones que han resultado, dada la situación, muy certeras. Además, en la Evaluación de los Ecosistema del Milenio del 2004 o los recurrentes informes del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) se advierte la posibilidad de sequías, inundaciones, eventos climáticos extremos, pero también pandemias, virus y enfermedades. Probables escenarios que se vienen planteando desde hace décadas. No estamos, por lo tanto, ante una emergencia inesperada, todo tiene su historia y sus efectos de futuro. En cierto sentido, podría decirse que es la deriva inevitable de nuestra anhelada normalidad.

Con todo, a pesar de las diferencias, se puede ver una similitud preocupante entre las noticias falsas o bulos y los medios de información. En ambos discursos los términos del debate dejan fuera el análisis global, no se centran en las causas, olvidan la historia y el contexto y en ningún momento ponen el foco de atención en el modo de producción y de consumo que está estrechamente relacionado con la producción de la enfermedad.

DESVIANDO EL FOCO.

No obstante, y a pesar de todo, la pandemia y el encierro nos ha dado la posibilidad de palpar las contradicciones y la debilidad de la sociedad en la que vivimos. De tal manera que las circunstancia nos empujan, desviando el foco del ruido, a una reflexión de sentido común: ¿Es razonable mantener un sistema productivo que no es capaz de parar su producción mínimamente sin avocar a la pobreza a gran parte de su población? ¿Es racional mantener un sistema productivo que cuando para su producción se purifica el aire y se aclara el agua de los ríos? ¿Es racional reproducir un sistema que genera las condiciones para provocar pandemias? 

Durante esta cuarentena, cientos de artículos, publicaciones y debates o conferencias online trataban estas y otras cuestiones similares. Sin embargo, el gran debate era la curva, el crecimiento y si el gobierno había conspirado en una operación eugenésica a gran escala. A veces parece que el debate racional y crítico se oculta como los millones de refugiados agolpados en las fronteras, porque su visibilidad sería como un espejo que refleja el fracaso de nuestra normalidad.

 El pensamiento racional, crítico y científico es el mejor antídoto contra los bulos y las noticias falsas; pero sobre todo contra la pandemia informativa, que solo busca el efecto del momento presente, sin plantearse la complejidad de lo sucedido, con la intención de no dañar las premisas sagradas del crecimiento y la lógica del beneficio. 

La tela de araña de discursos racionales y críticos, aunque eclipsados por lo mediático, se va entretejiendo, porque lo que manifiesta esta pandemia es el cuestionamiento de los pilares básicos de nuestra forma de producir, consumir y los valores que los sustentan. Nos alejan de la verdadera crítica con distracciones y fantasmas que se alimentan del terror colectivo, como tantas veces a lo largo de la historia. 

En un artículo, a propósito del COVID-19, escribía Paul B. Preciado: “dime cómo tu comunidad construye su soberanía política y te diré qué formas tomarán tus epidemias y cómo las afrontarás”.

Roberto Díaz y Noel Fernández

Activistas de Ateneo Popular de Alcorcón y EnsanchaElHuerto


  1. Referenciamos como “voces fundamentadas” el siguiente link de un programa muy interesante de Carne Cruda, donde diferentes científicas concuerdan en términos generales la idea que exponemos en el párrafo.
  2.  La publicación que hemos referenciamos, para argumentar la idea expuesta en este párrafo, se basa “en biólogos de izquierda como Robert G. Wallace, cuyo libro Big farms make big flu (Grandes granjas generan grandes gripes), publicado en 2016, expone exhaustivamente la conexión entre la agroindustria capitalista y la etiología de las recientes epidemias, que van desde el SARS hasta el Ébola”, tal y como se explica en la misma publicación.