Emociones, Psicología Clínica y COVID

16 de junio de 2020

7:50, me pongo el pijama, la mascarilla, desinfectante de manos y me encuentro con la que iba a ser mi compañera en ese camino que recién empezaba. Incertidumbre, ansiedad, cambios y mucha organización para paliar al resto de invitados que iban a ser nuestros acompañantes en estos días. Cuando el Covid comenzaba a llamar a nuestras puertas, el mundo cambiaba y nuestras consultas externas se vaciaban de pacientes, en medio del caos que comenzaba a ser nuestro hospital, nuestro país, pensamos que teníamos que apoyar a nuestros compañeros. Motivados por otros Psicólogos Clínicos de muchos hospitales de Madrid que comenzaban a organizarse, desarrollamos desde el servicio de Psicología Clínica de nuestro hospital tres líneas de intervención: ayudar a los profesionales de primera línea, atendiendo sus necesidades emocionales más inmediatas, proporcionándoles estrategias y espacios de gestión emocional; apoyar a las familias de los pacientes ingresados o fallecidos en nuestro hospital, brindándoles asistencia especializada en la elaboración del duelo con en esas duras despedidas a distancia y atender a los pacientes ingresados por coronavirus que precisaran de atención psicológica o psiquiátrica.

Y así comenzó un proyecto de 4 psicólogas clínicas de un hospital de la sierra de Madrid, apoyadas por todo el equipo de salud mental y por su gerencia.

Vimos como un hospital entero se levantaba en armas contra esta gran pandemia, como su personal era más cercano que nunca con sus pacientes, cómo, alejados de todo apoyo familiar y social, por miedo a contagiarles, buscaban el consuelo en compañeros con los que trabajaban codo con codo, con miedo, pero sobre todo como mucha, mucha valentía. Fui consciente de nuevo que el ser humano es resiliente y se adapta a las condiciones más extremas. El ser héroes por unos días y sentir el apoyo de la gente desde sus casas dio fuerzas a los equipos, pero el camino continuaba y comenzaba a hacerse largo…

La valentía y el arrojo dio paso a la ira, la desesperación por ver que moría quien otro día hubiera sido salvado, la culpa, la pena, la angustia, la nostalgia de tiempos pasados. Nosotras intentábamos que los grupos terapéuticos que realizábamos en los distintos servicios, la UCI, Urgencias, la primera y hasta la sexta planta de Covid fueran una válvula de escape para expresar todo aquello y gestionarlo de una forma sana. Realmente nos preocupaba como podían terminar nuestros compañeros después de aquella gran batalla. Se iban adaptando a la situación, buscando el humor entre tanta tragedia, ventilando y compartiendo lo que iban sintiendo, buscando consuelo y apoyo en medio de aquel océano que en algunos momentos parecía inabarcable.

Comenzamos a trabajar con pacientes infectados, a través de tablet, teléfono y al pie de sus camas, parejas que ingresaron juntos y ya solo volvería uno, a aquello que era su hogar,  jóvenes angustiados por una situación que no esperaban, ancianos sin tecnología incomunicados de sus familias, pacientes angustiados por los delirios sufridos durante su estancia en UCI y que ahora enfrentaban un trauma, hijos que perdieron a su padre mientras compartían habitación por una misma enfermedad que les llevaría a sitios tan distintos. Nunca antes había llorado al pie de la cama de uno de mis pacientes, psicólogas clínicas, pero humanas. Jornadas de 12h cargadas de emocionalidad y también de mucha gratitud de pacientes, familias y compañeros que acudían a nuestras consultas angustiados por los síntomas que sentían, el miedo, la ansiedad, la pena, síntomas comunes en nuestras consultas, pero sensaciones que creían no debían de tener porque les apartaba de su objetivo primordial, atender a todos aquellos pacientes que confiaban en que pudieran salvarlos, como superhéroes desprovistos de límites, y la presión iba en aumento.

Si, este virus nos ha marcado a todos, como comunidad, los sanitarios de este país han sabido recomponerse, han demostrado que la unión hace la fuerza y que tenemos muchos recursos emocionales, personales y colectivos para enfrentarnos a algo como esto.

Y ahora toca pelear por nuestros derechos, que se han visto mermados en tantas ocasiones y que después de tomar contacto con la parte más cruel de nuestro trabajo, la más importante, que es la responsabilidad de tener la salud de otros en nuestras manos, creemos merecer. Si esto vuelve, aquí seguiremos al pie del cañón y con una sonrisa siempre será suficiente. ¡Gracias!

Mónica Álvarez, psicóloga clínica