«Héroes» entre dos crisis

8 de junio de 2020

Pablo L.- Entrevistamos a A.M. (29 años). ¿Su perfil? Vecino de Alcorcón, una carrera universitaria, inglés e italiano. A día de hoy trabaja en una cadena de supermercados en Alcorcón tras empalmar una serie de trabajos precarios y para los cuales estaba sobrecualificado. Algunos le llamarán héroe y le aplaudirán a las 20.00 por enfrentarse a una pandemia invisible. Después se olvidarán que los de esta generación ya viven en la heroicidad de enfrentarse a dos crisis, la de 2008 y la que se viene. Desde el personal sanitario (auxiliares, enfermeras, médicos, celadores…) hasta los repartidores o trabajadoras de supermercado… Son esos “héroes y heroínas”, mileuristas sin capa, que lucha contra la inestabilidad, la precariedad y la desconfianza en una España que solo les ha aportado resignación, exilio y olvido.  

¿Cómo es trabajar en Estado de Alarma?  

Cansado, muy cansado. Objetivamente, y sobre todo a principio del decreto del Estado de Alarma, las personas que trabajamos en servicios esenciales podíamos incluso sentirnos algo ‘afortunadas’ de poder salir a la calle y tener un cierto contacto social con otra gente que no fuese la que convive contigo; pero, por otro lado, no hay que olvidar que somos el grupo más expuesto con un contacto, en nuestro caso al menos, que distaba bastante del recomendado por las autoridades. 

¿Cómo os sentíais cuando el confinamiento era total? 

Como he dicho antes, algo ‘afortunado’ por poder salir a la calle. Sin embargo, había días en los que salías del trabajo con ganas de llegar a casa y no salir en otros 15 días, porque la hora de salir a comprar se convirtió en ‘el parque al que no puedo llevar al crío’, ‘la vueltecita que me voy a dar en todo el día para comprar unas patatas fritas’ o ‘el bar en el que quedo con los colegas para vernos hoy mientras compro una Coca-Cola’. 

¿Habéis tenido las medidas de seguridad adecuadas, así como las instrucciones adecuadas para evitar contagios? 

Negativo. No rotundo. La primera semana tras el decreto del Estado de Alarma, estuvimos trabajando sin guantes y sin mascarillas a no ser que las trajeras de casa. Cuando las mandaron y estas o el resto de EPIs de los que disponíamos se agotaban, podía pasar una semana entera, o más, reutilizando una mísera mascarilla de tela que deberías haber tirado al final del turno. Las mamparas llegaron alrededor de una semana o diez días después de que las implantara Mercadona; y en los turnos de mañana y tarde se ha mezclado el personal a pesar de las indicaciones por parte de las autoridades de que así no se hiciese. 

¿Cuáles eran los principales cambios respecto a un día normal? 

La mayoría de restricciones o medidas de seguridad adecuadas se han implantado hace unas dos o tres semanas, pero básicamente consistía en llegar a la tienda, desinfectar las líneas de caja, datáfonos y cestas, ofrecer guantes y gel desinfectante a los clientes a la entrada, restringir el aforo (a ojo), colocar unas líneas de separación en la fila previa al pago, usar las mascarillas, guantes o viseras de las que AHORA SÍ disponemos, volver a desinfectar cajas y cestas al cierre y lavado de manos y desinfección de estas al salir. 

¿Los clientes han colaborado? 

Hay de todo, pero si tuviera que ser objetivo diría que una gran mayoría no lo ha hecho. No ha empatizado con una persona que lleva 6-8 horas trabajando. Si la hora que tienes ‘para tu recreo’, porque la gran mayoría se ha tomado el poder ir a comprar como el poder irte de excursión, la inviertes en hacer todavía más difícil el trabajo de la persona que te está vendiendo la cerveza, que te vas a tomar en cuanto llegues a casa, pues deja mucho que desear. 

¿Habéis notado un cambio en los hábitos de consumo de los clientes? 

Sin duda. A día de hoy, creo que si se hiciese una encuesta entre la población de Alcorcón para saber qué se llevaría la gente a una isla desierta, la respuesta sería: palomitas, harina y cerveza. Lo de la cerveza podría esperarse, pero el tema palomitas no lo vimos venir… 

¿Qué opináis sobre las distintas medidas que ha ido tomando el Gobierno? 

Sobrevenidas. Quiero decir, esto nos ha superado a todos y todas, e igual no han sido óptimas desde el principio, pero creo que esto ha sido algo nuevo que nadie conocía, de lo que nadie tenía un protocolo y de lo que ha habido que ir ‘improvisando’ sobre la marcha; entiéndase improvisando como adaptándose a la evolución de los acontecimientos de la manera menos impactante posible en las vidas del país. 

¿No se ha hecho del todo bien?

Seguro. 

¿Otro gobierno lo hubiera hecho mejor? 

No lo sé, pero tampoco había opciones mucho más distintas respetando los derechos y libertades del pueblo. 

Tenéis entorno a treinta años y sois de la generación que ha alcanzado la madurez entre dos crisis… ¿qué expectativas tenéis? 

Pocas, y ya no hablo de expectativas sino de esperanzas. Si hace no mucho encontrar un trabajo digno, decente y estable era de privilegiados y privilegiadas, después de esta pandemia va a ser como ir a ciegas… Incertidumbre catastrófica. 

¿Creéis que España como sociedad tiene algo que ofreceros? 

Los aplausos de las 20:00…(risas). Ya en serio, no sabría decir en qué punto como sociedad estamos definidos, además tampoco me gusta generalizar, pero sería bastante humano por nuestra parte que cuando todo esto acabe, se debatan las leyes que tienen que debatirse en el Congreso y nos preocupemos por lo que de verdad importa: reforzar una educación, una sanidad y unas condiciones laborales dignas que dejen claro el tipo de sociedad que deberíamos ser. 

Si pudierais hablar con el Gobierno, ¿qué le pedirías? ¿qué medidas creéis necesarias para que la gente de vuestra generación pueda alcanzar unas condiciones de vida digna? 

-Proteger a los trabajadores y trabajadoras frente a contratos, despidos y condiciones laborales abusivas.

-Regularización del precio del alquiler por nivel de renta y localización geográfica, así como ayudas al alquiler JUSTAS y PROPORCIONADAS.

-Subvenciones a las tarjetas de movilidad (Abono Transportes en mi caso) para la utilización del transporte público a una franja de población mayor (aumento de la edad en la tarjeta de Abono Joven). 


Casi una década y seguimos sin curro, sin casa, sin pensión

La fotografía de cabecera se corresponde a la manifestación convocada por la, ya extinta, organización Juventud Sin Futuro en abril de 2011. La manifestación reunió a miles de jóvenes para reivindicar literalmente futuro. Fue sin lugar a dudas uno de tantos movimientos que provocaron la eclosión del 15M. Ahora, tras nueve años, la precariedad laboral y habitacional sigue siendo el día a día de muchas de esas personas.

La situación es volátil. Es difícil garantizarse una estabilidad económica. Además los precios de los alquileres y la imposibilidad de una estabilidad para el crédito nos hace prácticamente imposible ser independientes: o compañeras de piso o familia. En diez años los alquileres han subido más que los sueldos.

¿Cuántos contratos de prácticas llevas? ¿Cuántas veces has tenido que quitar formación del currículum? ¿Sigues sin llegar a mileurista porque te han recortado horas con las subidas de sueldo? ¿Te llevan vendiendo la importancia de una formación que, a la hora de la verdad, el mercado laboral infravalora y menosprecia?

A.M. es uno de tantos. Podrías ser tú. Podría ser yo. Lo que sí está claro es que muchas y muchos ‘ya no tan jóvenes’ vemos en el actual gobierno una cierta esperanza. Un rallito de luz en la profunda y oscura desperanza en la que el Partido Popular nos han ido ahogando a base de recortes, reformas laborales y mordazas.

Esperanzas que somos conscientes que tocará trabajar y luchar. Con veinte veíamos las orejas al lobo. Con treinta sentimos su aliento. Es probable, muy probable, que tomar las plazas sea el impulso necesario a un gobierno atado por los poderes económicos por un lado y acosado por la extrema derecha y el neofranquismo por otro.