La incertidumbre marca el inicio del curso 2020-2021

12 de septiembre de 2020

Confusión y desamparo. Así, nadando contra corriente en un mar de dudas y desamparada, se siente la casi totalidad de la comunidad educativa tras los primeros días de vuelta a los colegios e institutos.

En las reuniones de planificación que suelen protagonizar las primeras jornadas (aún sin estudiantes), tanto a los equipos directivos como a las diferentes Jefaturas de Departamento, no les ha quedado más remedio que informar de que no solo no se han aportado mayores recursos para una vuelta segura a las clases presenciales, sino que se ha continuado con la tónica general de recortes en educación que se viene dando en la Comunidad de Madrid desde hace ya varios lustros.

Según nos informa diverso personal que imparte secundaria en varios pueblos del cinturón sur de Madrid, la mayoría de las medidas «estrella» tomadas por los responsables son «puro maquillaje» o «sencillamente inviables». Conceptos que en los medios de comunicación de masas pueden no sonar mal del todo como «grupos burbuja» o «entrada escalonada» son poco factibles sin los recursos adecuados. La bajada de ratio a un máximo de unos 22 alumnos y alumnas anunciada para los dos primeros cursos de la ESO, queda muy lejos de lo recomendado tanto a nivel pedagógico como sanitario. Además, se presume que va a tener un difícil cumplimiento al anteponerse el derecho a no quedar sin escolarizar en un tramo de la enseñanza, la ESO, qué se considera obligatorio.

El caso de las pruebas serológicas a las que se está sometiendo de manera voluntaria la comunidad educativa en Madrid, merece caso aparte.

Cientos de personas citadas en el mismo sitio cada media hora ha dado como resultado el más que previsible colapso, a pesar de que, la poquísima antelación con la que se ha avisado a los posibles asistentes y el regreso de los exámenes y Juntas de evaluación de septiembre en 2º de bachillerato (uno de los cambios introducidos tras la irrupción de la covid-19) ha traído como consecuencia que aún mucha plantilla no haya acudido a unas pruebas cuyo plazo es sumamente reducido. 

Todo indica que políticos y gestores vuelven a dejar el 99% del peso de las adaptaciones requeridas en manos de una plantilla, la de enseñanza, que, como ya ha demostrado junto con tantas otras (como por ejemplo las sanitarias) cuenta con un alto grado de vocación. Está por ver que dicha vocación sea suficiente por sí sola para crear entornos seguros y frenar una curva de contagios que vuelve a ser especialmente preocupante en la Comunidad de Madrid.

A.U.L.